Hace unos días en un libro que Consulte de El negocio de la prensa del autor Carpio Nicolle hablaba sobre los Los periodistas “sanos”, aquellos que aún no se han corrompido y que comprenden la elevada misión de la prensa, pues me llamo la atención esta frase de los periodistas sanos, porque realmente no sabemos cuantos de ellos hay en los medios de comunicación, por supuesto que los hay. Pero no sabemos quienes son y los podríamos confundir con aquellos que si los son y que con tal de satisfacer sus necesidades vendan su trabajo profesional a sectores interesados.
Nicolle afirma lo siguiente:
Existen categorías de “fafas”. No es lo mismo informar oficiosamente sobre las actuaciones del gobierno, que aceptar un pago por cubrir alguna actividad que requiere divulgación y que de todas maneras aportan algún conocimiento interesante al público lector. Tampoco es lo mismo aceptar dinero de quien es afín a la ideología o al pensamiento del periodista, que venderse al mejor postor. Los periodistas “sanos” que necesitan ganar el sobresueldo que cubra sus necesidades encuentran siempre la forma de lograrlo sin caer en la corruptela. ¿Cómo puede reconocer el lector a este género de periodistas “sanos”? Es muy sencillo: no poseen un auto de lujo, si es que poseen auto; viven modestamente y no pasan sus vacaciones en Miami. Los otros, los corruptos, también son fácilmente distinguibles: viven como ricos, con salarios nominales no mayores de 300 quetzales mensuales…
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